
La pérdida del poder adquisitivo y las complicaciones en el mercado laboral generaron que una abrumadora mayoría de la población en Argentina deba reconfigurar su economía doméstica, seleccionando de manera estricta qué obligaciones abonar y cuáles postergar. De acuerdo con el último Radar de Fragilidad Financiera y Riesgo de Mora, elaborado por la consultora D’Alessio IROL, el 92% de los ciudadanos enfrenta complicaciones financieras, lo que consolidó una brecha entre los hogares que aún poseen margen para cubrir imprevistos y aquellos que han agotado sus recursos de asistencia o ahorro.
El desglose de los datos estadísticos refleja un orden claro en la cadena de pagos de los encuestados. Alimentos lidera las prioridades con un 52%, seguido por los servicios públicos con un 48% y los saldos de las tarjetas de crédito con un 38%. En los escalones inferiores se ubican las responsabilidades habitacionales y comerciales: el alquiler representa el 15%, los préstamos personales el 7% y la cobertura de seguros el 6%.
El relevamiento expone diferencias sustanciales al segmentar a la población por variables demográficas:
Género: El cumplimiento en el pago de tarjetas de crédito es priorizado por el 43% de las mujeres, en comparación con el 36% de los hombres.
Edad: Los jóvenes constituyen la franja más afectada, ya que el 96% manifiesta dificultades económicas y una alta dependencia del financiamiento con plásticos. Por el contrario, el 89% de los mayores de 55 años declara complicaciones, sosteniendo una conducta financiera de menor exposición crediticia.

Respecto a la comparación interanual de la situación económica individual, el 68% de los participantes aseguró estar en una posición inferior a la del año pasado. Este indicador se eleva al 76% en el segmento joven, al 74% en el público femenino y al 73% en los estratos socioeconómicos bajos. En contraposición, el 40% de los mayores de 55 años percibió una mejoría en su situación, mientras que el 54% de este grupo consideró que empeoró.
Indicadores previos a la morosidad
El análisis sectorial advierte que el incumplimiento formal de pago es el eslabón final de una serie de conductas previas de subsistencia. Al respecto, la investigadora Nora D’Alessio, responsable del estudio, explicó: “Antes del atraso suelen observarse hogares que reducen consumo, utilizan más intensamente el crédito, dependen de promociones para mantener su nivel de vida o agotan gradualmente sus ahorros. Por eso, comprender qué ocurre dentro de las familias se vuelve tan relevante como analizar indicadores financieros tradicionales”.
Asimismo, la especialista detalló el impacto macroeconómico de estas conductas individuales y señaló la necesidad de cambiar el foco del análisis empresario:
“Cuando millones de personas modifican simultáneamente sus prioridades de gasto, terminan generando impactos sobre prácticamente toda la economía. La pregunta estratégica ya no es cuántos clientes están en mora sino cuántos siguen pagando, pero con un esfuerzo cada vez mayor. Porque la morosidad no suele ser el inicio del problema, sino que es muchas veces, su última manifestación visible”.
Finalmente, el reporte establece una correlación directa entre la percepción del estado financiero y la capacidad de pago. Dentro del grupo que evalúa positivamente su evolución anual, un 21% afirma no tener inconvenientes para saldar sus compromisos. En cambio, en el universo de quienes declaran una desmejora en sus finanzas, el 94% reconoce impedimentos manifiestos para cumplir con sus obligaciones corrientes.